EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS

Allan Kardec

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951. ¿No es meritorio a veces el sacnficio de la vida, cuando tiene por objeto salvar la de otro, o el de ser útil a sus semejantes?

«Eso es sublime según la intención, y el sacrificio de la vida no es un suicidio; pero Dios se opone a un sacrificio inútil y no puede verlo con placer, si lo mancha el orgullo. El sacrificio sólo es meritorio por su desinterés, y el que lo hace tiene a veces una segunda intención que lo desprecia a los ojos de Dios».

Todo sacrificio hecho a expensas de la dicha propia, es un acto soberanamente meritorio a los ojos de Dios, porque es la práctica de la ley de caridad. Siendo, pues, la vida el bien terrestre que más aprecia el hombre, el que a él renuncia en bien de sus semejantes no comete un atentado, sino que hace un sacrificio. Pero antes de llevarlo a cabo, debe reflexionar si no será más útil su vida que su muerte.