EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS

Allan Kardec

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V

Los que dicen que las creencias espiritistas amenazan invadir el mundo, proclaman la fuerza de éstas; porque una idea sin fundamento e ilógica no podría llegar a ser universal. Si, pues, el espiritismo arraiga en todas partes, si muy especialmente es bien acogido en las clases instruidas, como así se reconoce, es porque tiene un fondo de verdad. Contra semejante tendencia serán infructuosos todos los esfuerzos de sus detractores, y lo que lo prueba es, que hasta el mismo ridículo en que han procurado envolverle, lejos de cortarle el vuelo, parece haberle dotado de nueva vida. Este resultado justifica completamente lo que tantas veces nos han dicho los espíritus: «No os inquiete la oposición; todo lo que contra vosotros se haga, en favor vuestro redundará, y vuestros mayores adversarios favorecerán, sin quererlo, vuestra causa. Contra la voluntad de Dios no podrá prevalecer la mala voluntad de los hombres».

Por medio del espiritismo la humanidad ha de entrar en una nueva fase, en la del progreso moral, consecuencia inevitable de aquél. Cesad, pues, de admiraros de la rapidez con que se propagan las ideas espiritistas. Débese a la satisfacción que ocasionan a todos los que las profundizan, y que ven en ellas algo más que un fútil pasatiempo. Y como ante todo deseamos la felicidad, no es de extrañar que nos adhiramos a una idea que hace feliz.

El espiritismo presenta tres períodos distintos: el primero es el de la curiosidad provocada por la extrañeza de los fenómenos que se han presentado; el segundo es el del razonamiento y de la filosofía, y el tercero el de la aplicación y las consecuencias. El periodo de la curiosidad ha pasado, pues ésta no reina más que durante algún tiempo. Una vez satisfecha, se abandona el objeto que la excitaba para pasar a otro; pero no sucede lo mismo con lo que se dirige a la reflexión grave y al raciocinio. El segundo período ha empezado, y el tercero le seguirá inevitablemente. El espiritismo ha progresado sobre todo desde que es mejor comprendido en su esencia íntima, desde que se comprende su trascendencia; porque toca al hombre en lo más sensible, en la dicha. aun desde este mundo. Esta es la causa de su propaqación, el secreto de la fuerza que le hará triunfar. Hace felices a los que lo comprenden, mientras su influencia se extiende a las masas. Aun aquel mismo que no ha sido testiqo de ningún fenómeno material de manifestación, se dice: fuera de esos fenómenos, existe la filosofía, que me explica lo que NINGUNA otra me había explicado. En ella encuentro, por medio únicamente del razonamiento, una demostración racional de los problemas que interesan a lo cardinal de mi porvenir; me proporciona la calma, la segundad y la confianza; me libra del tormento de la incertidumbre, junto a todo lo cual es cuestión secundaria la de los hechos materiales. Vosotros todos los que atacáis, ¿queréis un medio de combatirlo con éxito? Aquí lo tenéis; reemplazadlo por algo mejor: hallad una solución MÁS FILOSÓFICA a todas las cuestiones que él resuelve; dad al hombre OTRA CERTEZA que le haga más feliz, y notad bien la trascendencia de la palabra certeza, porque el hombre no admite como cierto más que lo que le parece lógico. No os contentéis con decir, eso no es así lo cual es muy fácil; probad, no con negación, sino con hechos, que no es así, no ha sido nunca, ni PUEDE SER. Si la cosa no existe, decid sobre todo lo que hay en lugar suyo, y probad, en fin, que las consecuencias del espiritismo no son las de hacer mejores a tos hombres y, por lo tanto, más felices, mediante la más pura moral evangélica, moral que se elogía mucho, pero que se practica muy poco. Cuando hayáis hecho todo esto, tendréis derecho a atacarlo. El espíritismo es fuerte, porque se apoya en las mismas bases que la religión: Dios, el alma, las penas y recompensas futuras, sobre todo, porque presenta esas penas y recompensas como naturales consecuencias de la vida terrestre, y porque nada del cuadro que ofrece el porvenir puede ser rechazado por la razón más exigente. Vosotros, cuya doctrina toda consiste en la negación del porvenir. ¿qué compensación ofrecéis de los sufrimientos de la tierra? Vosotros os apoyáis en la incredulidad, él en la confianza en Dios; mientras él invita a los hombres a la felicidad, a la esperanza, a la verdadera fraternidad, vosotros le ofrecéis como perspectiva, la NADA, y el EGOÍSMO como consuelo; él lo explica todo, vosotros nada; él prueba con hechos, y vosotros nada probáis. ¿Cómo queréis, pues, que se titubee entre ambas doctrinas?