EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS

Allan Kardec

Volver al menú
PARAÍSO, INFIERNO Y PURGATORIO

1012. ¿Existe en el universo un lugar circunscrito afecto a las penas y goces de los espíritus, según sus méritos?

«Ya hemos contestado a esta pregunta. Las penas y los goces son inherentes al grado de perfección de los espíritus; cada uno toma de sí mismo el principio de su propia felicidad o desgracia; y como están por todas partes, ningún lugar circunscrito y cerrado está afecto a uno con preferencia a otro. En cuanto a los espíritus encarnados, son más o menos felices o infelices, según que el mundo que habiten esté más o menos adelantado».

Así, pues, el infierno y el paraíso, ¿no existen tales como el hombre se los representa?

«Esas no son más que figuras; en todas partes hay espíritus felices o infelices. No obstante, según también hemos dicho, los espíritus de un mismo orden se reúnen por simpatía; pero cuando son perfectos, pueden reunirse donde quieran».

La localización absoluta de los lugares de castigos y recompensas no existe más que en la imaginación de los hombres. y proviene de la tendencia de éstos a materializar y circunscribir las cosas, cuya esencia infinita no pueden comprender.

1013. ¿Qué debe entenderse por purgatorio?

«Dolores físicos y morales; el tiempo de expiación. Casi siempre pasáis en la tierra vuestro purgatorio, donde Dios os hace expiar vuestras faltas».

Lo que el hombre llama el purgatorio, es también una figura por la que debe entenderse, no un lugar cualquiera determinado, sino el estado de los espíritus imperfectos que están expiando, hasta la purificación completa que ha de elevarlos a la categoría de espíritus bienaventurados. Operándose semejante purificación en las diversas encarnaciones, el purgatorio consiste en las pruebas de la vida corporal.

1014. ¿A qué se debe que espíritus que, por su lenguaje, revelan su superioridad, hayan respondido a personas muy graves, respecto del infierno y del purgatorio, conformándose a las ideas vulgarmente aceptadas?
«Hablan un lenguaje que comprenden las personas que los interrogan; cuando esas personas están muy afectas a ciertas ideas, no quieren combatirlas bruscamente para no ofender sus convicciones. Si prescindiendo de las condiciones oratorias, un espíritu dijese a un musulmán que Mahoma no es tal profeta, seria muy mal recibido».

-Concibese que suceda así en espíritus que quieran instruirnos; pero ¿cómo puede ser que espíritus a quienes se ha preguntado acerca de su suerte, hayan contestado que sufrían los tormentos del infierno o del purgatorio?

«Cuando son inferiores y no están completamente desmaterializados, conservan una parte de sus ideas terrestres, y expresan sus impresiones en los términos que les son familiares. Se encuentran en un centro que sólo a medias les permite sondear el porvenir, y esto es causa de que a menudo espíritus errantes, o recientemente desprendidos, hablen como durante su vida lo hubiesen hecho. Infierno puede traducirse por una vida de pruebas sumamente penosas, con la incertidumbre acerca de un estado mejor, y purgatorio, también por vida de prueba, pero con conciencia de mejor porvenir. Cuando sufres un gran dolor. ¿no dices que sufres como un condenado? Estas no son más que palabras figuradas».

1015. ¿Qué debe entenderse por un alma en pena?

«Un alma errante que sufre, incierta de su porvenir, y a la cual podéis procurar algún alivio, que con frecuencia solicita cuando con vosotros se comunica». (664)

1016. ¿En qué sentido debe entenderse la palabra cie¡o?

«¿Crees tú que es un lugar, como los Campos Elíseos de los antiguos en que están hacinados en desorden los espíritus buenos, sin más cuidado que el de saborear eternamente una felicidad pasiva? No; es el espacio universal, los planetas, las estrellas y todos los mundos superiores, donde disfrutan los espíritus de todas sus facultades, sin sentir las tribulaciones de la vida material, ni las angustias inherentes a la inferioridad».

1017. Ciertos espíritus han dicho que habitaban el 4o, el 5o cielo, etc.; ¿qué entienden por eso?

«Vosotros les preguntáis qué cielo habitan, porque tenéis la idea de muchos cielos ordenados como los pisos de una casa, y ellos os contestan acomodándose a vuestro lenguaje. Pero para ellos estas palabras 4o y 5o cielo expresan diferentes grados de purificación y de dicha, por consiguiente. Sucede lo mismo que cuando se pregunta a un espíritu si está en el infierno. Si es desgraciado, contestará afirmativamente, porque para él el infierno es sinónimo de sufrimiento, pero sabe perfectamente que aquél no es un horno. Un pagano hubiese dicho que estaba en el tártaro».

Lo mismo sucede con otras expresiones, análogas tales como las de ciudad de las flores, de los elegidos, primera, segunda o tercera esfera, etcétera, que no son más que alegorías empleadas por ciertos espíritus, ya como figuras, ya por ignorancia a veces de la realidad de las cosas y aun de las más sencillas nociones científicas.

Según la idea estrecha que se tenía en otros tiempos de los lugares de penas y recompensas, y sobre todo opinando que la tierra era el centro del universo, que el cielo formaba una bóveda y que existía una región de las estrellas; se colocaba el cielo en lo alto y el infierno en lo bajo, y de aquí las expresiones: subir al cielo, estar en lo más alto de los cielos, ser precipitado en el infierno. Hoy que la ciencia ha demostrado que la Tierra sólo es uno de los más pequefios mundos, sin importancia especial, entre otros tantos millones; que ha trazado la historia de su formación y descrito su constitución, probado que el espacio es infinito, que en el universo no hay alto ni bajo; ha sido necesariamente forzoso desistir de colocar el cielo encima de las nubes, y en los lugares balos el infierno. En cuanto al purgatorio, ningún sitio se le había señalado. Estaba reservado al espiritismo el dar de todas esas cosas la explicación más racional, más grandiosa, y al mismo tiempo, más consoladora para la humanidad. Así, pues, podemos decir que en nosotros mismos llevamos nuestro infierno y nuestro paraiso; nuestro purgatorio lo hallamos en nuestra encarnación, en nuestras vidas corporales o físicas.

1018. ¿En qué sentido deben entenderse estas palabras de Cristo: Mi reino no es de este mundo?

«Respondiendo así Cristo hablaba en sentido figurado. Quería decir que no reina más que en los corazones puros y desinteresados; pero los hombres ávidos de las cosas de ese mundo y apegados a los bienes de la tierra no están con él».

1019. ¿Podrá establecerse algún día en la tierra el reino del bien?

«El bien reinará en la tierra, cuando entre los espíritus que vengan a habitarla, los buenos se sobrepondrán a los malos, y entonces harán reinar en ella el amor y la justicia que son el origen del bien y de la felicidad. Por el progreso moral y por la práctica de las leyes de Dios atraerá el hombre a la tierra los espíritus buenos, y alejará a los malos; pero éstos no la abandonarán; hasta que el hombre no destierre el orgullo y el egoísmo. »La transformación de la humanidad ha sido predicha, y vosotros tocáis el momento de aquélla, que apresuran todos los hombres que favorecen el progreso. La transformación se verificará por medio de la encarnación de los espíritus mejores que constituirán en la tierra una nueva generación. Entonces los espíritus de los malos, a quienes la muerte hiere diariamente, y todos los que intentan detener la marcha de las cosas, serán excluidos de la tierra, porque estarían fuera de su centro entre hombres de bien cuya felicidad perturbarían. Irán a mundos nuevos menos adelantados, a cumplir misiones penosas donde podrán trabajar para su propio mejoramiento, al mismo tiempo que para el de sus hermanos más atrasados aún. ¿No veis en esa exclusión de la tierra transformada, la sublime figura del paraíso perdido, y en el hombre venido a la tierra en semejantes condiciones y llevando consigo mismo el germen de sus pasiones y los vestigios de su inferioridad primitiva, la no menos sublime figura del pecado original? El pecado original, desde el punto de vista considerado, arranca de la naturaleza aún imperfecta del hombre, que así sólo es responsable de sí mismo y de sus propias faltas, y no de las de sus padres.


»Vosotros todos, hombres de fe y buena voluntad, trabajad, pues, con celo y ánimo en la

gran obra de la regeneración, porque recogeréis centuplicado el grano que hayáis sembrado. Infelices de los que cierran los ojos a la luz, pues se preparan largos siglos de tinieblas y desengaños; infelices de los que cifran todos sus goces en los bienes de ese mundo, pues sufrirán más privaciones que goces hayan tenido; infelices sobre todo los egoístas, pues no encontrarán quien les ayude a llevar la carga de sus miserias. SAN LUIS».