EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS

Allan Kardec

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822. Siendo iguales los hombres ante la ley de Dios, ¿debén serlo así mismo anté la de los hombres?

«Este es el primer principio de justicia: No hagáis a los otros lo que no quisierais que se os hiciese».

-Según esto, una legislación, para ser perfectamente justa, ¿debe consagrar la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer?

«De derechos sí; de funciones, no. Es preciso que cada uno tenga su lugar señalado, que el hombre se ocupe de lo exterior y la mujer de lo interior, cada cual según su aptitud. Para ser equitativa la ley humana, debe consagrar la igualdad de derechos entre la mujer y el hombre, y todo privilegio concedido al uno o a la otra es contrario a la justicia. La emancipación de la mujer sigue el progreso de la civilización. Su esclavitud camina con la barbarie. Por otra parte, los sexos no se deben más que a la organización física. y puesto que los espíritus pueden tomar uno u otro, no existe diferencia entre ellos sobre este particular, y por lo tanto, deben gozar de los mismos derechos».