EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS

Allan Kardec

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340. ¿El instante en que un espíritu ha de encarnarse es solamente para él? ¿Realiza este acto como cosa grave e importante?

«Viene a ser como un viajero que se embarca para una travesía peligrosa, y que ignora si hallará la muerte en medio de las olas que desafía».

El viajero que se embarca sabe a qué peligros se expone; pero ignora si naufragará. Así sucede al espíritu, conoce la clase de pruebas a que se somete; pero ignora si sucumbirá.

Del mismo modo que la muerte del cuerpo es una especie de renacimiento para el espíritu, la reencarnación es para éste una especie de muerte, o mejor de destierro o clausura. Abandona el mundo de los espíritus por el corporal, como el hombre abandona el mundo corporal por el de los espíritus. El espíritu sabe que se reencarnará, como el hombre que morirá; pero como este último, aquél no tiene conciencia de ello hasta el postrer instante, cuando llega el tiempo deseado. Entonces, en aquel momento supremo, se apodera de él la turbación como del hombre que agoníza, turbación que dura hasta que la nueva existencia está completamente formada. Los preludios de la reencarnación son una especie de agonía para el espíritu.