EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS

Allan Kardec

Volver al menú
ENCARNACIÓN EN DIFERENTES MUNDOS

172. ¿Se realizan en la Tierra todas nuestras diferentes existencias corporales?

«No, sino en los diferentes mundos. La terrestre no es la primera, ni la última; pero si, una de las más materiales y lejanas de la perfección».

173. A cada nueva existencia corporal, ¿pasa el alma de un mundo a otro, o bien puede vivir varias veces en el mismo mundo?

«Puede revivir muchas veces en el mismo mundo, si no está bastante adelantada para pasar al inmediato».

-Según eso, ¿podemos reaparecer muchas veces en la Tierra?
«Ciertamente».

-¿Podemos volver a ella después de haber vivido en otros mundos?

«Seguramente; pues habéis podido vivir ya en otra parte y en la Tierra».

174. ¿Es una necesidad volver a vivir en la Tierra?

«No; pero si no adelantáis, podéis ir a otro mundo que no sea mejor o que puede ser peor».

175. ¿Es ventajoso volver a habitar en la Tierra?

«Ninguna ventaja particular tiene, a menos de que se desempeñe una misión, pues entonces se progresa en ella como en cualquiera otra parte».

-¿No sería mejor continuar siendo espíritu?

«¡No, no! Permaneceríamos estacionarios, y queremos caminar hacia Dios».

176. Los espíritus, después de haber estado encarnados en otros mundos, ¿pueden estarlo en éste, sin haber vivido nunca en él?

«Sí, como vosotros en otros. Todos los mundos son solidarios, y lo qué no se hace en uno se hace en otro».

-¿Luego hay hombres que están por primera vez en la Tierra?

«Hay muchos y en diversos grados».

-¿Existe algún signo para conocer al espíritu que aparece por primera vez en la Tierra?

«Eso no tendría ninguna utilidad».

177. Para llegar a la perfección y a la dicha suprema, objeto final de todos los hombres, ¿debe pasar el espíritu por la serie de todos los mundos que existen en el universo?

«No, porque hay muchos mundos que ocupan el mismo grado, y en los que nada nuevo aprendería el espíritu».

-¿Cómo se explica, pues, la pluralidad de existencias en el mismo globo?

«Porque puede encontrarse cada vez en posiciones muy diferentes, que son para él otras tantas ocasiones de adquirir experiencia».

178. ¿Pueden los espíritus revivir corporalmente en un mundo relativamente inferior a aquel en que ya han vivido?

«Sí, cuando han de desempeñar una misión para favorecer el progreso, y entonces aceptan con alegría las tribulaciones de aquella existencia; porque les proporciona ocasión de adelantar».

-¿No puede suceder eso mismo por expiación, y no puede Dios enviar a los espíritus rebeldes a mundos inferiores?

«Los espíritus pueden permanecer estacionarios; pero no retroceden, y su castigo consiste entonces en no adelantar y en volver a empezar las existencias mal empleadas, en la esfera que conviene a su naturaleza».

-¿Quiénes son los que han de empezar nuevamente la misma existencia? «Los que faltan a su misión o a sus pruebas».

179. Los seres que habitan en cada uno de los mundos, ¿han llegado todos al mismo grado de perfección?

«No, y sucede lo mismo que en la Tierra, pues los hay más o menos adelantados».

180. Al pasar de éste a otro mundo, ¿conserva el espíritu la inteligencia que en aquél tenía?

«Sin duda, pues la inteligencia no se pierde; pero puede no contar con los mismos medios de manifestarla, dependiendo esto de su superioridad y del estado del cuerpo que tomen». (Véase Influencia del organismo, número 367 y siguientes.)

181. Los seres que habitan en los diferentes mundos, ¿tienen cuerpos semejantes a los nuestros?

«Es indudable que tienen cuerpo, porque se hace necesario que el espíritu esté revestido de materia para obrar sobre la materia; pero esa envoltura es más o menos material según el grado de pureza a que han llegado los espíritus, y en esto consiste la diferencia de los mundos que hemos de recorrer; porque hay muchas habitaciones en la morada dc nuestro Padre, y muchos grados por lo tanto. Unos lo saben y tienen conciencia de ello en la Tierra; pero otros están muy lejos de semejante creencia».

182. ¿Podemos conocer con exactitud el estado físico y moral de los diferentes mundos?

«Nosotros, los espíritus, no podemos responder más que conforme al grado en que os encontráis, es decir, que estas cosas no debemos revelarías a todos; porque no todos están en estado de comprenderlas, y les perturbarían».

A medida que el espíritu se purifica, el cuerpo que reviste se apro xima igualmente a la naturaleza espiritista. La materia se hace menos densa, no se arrastra tan penosamente por el suelo, las necesidades fisicas son menos groseras y los seres vivientes no tienen necesidad de destruirse mutuamente para alimentarse. El espíritu es más libre y tiene de las cosas lejanas percepciones que nos son desconocidas, viendo con los ojos del cuerpo lo que nosotros sólo vemos con el pensamiento.

La purificación de los espíritus produce en los cuerpos en que están encarnados el perfeccionamiento moral; se debilitan en él las pasiones animales, y el egoismo cede el puesto al sentimiento de fraternidad. Por esto en los mundos superiores a la Tierra son desconocidas las guerras, no teniendo objeto el odio y la discordia; porque nadie piensa en dañar a su semejante. La intuición que tienen de su porvenir y la seguridad que les da la conciencia, libre de remordimientos, hacen que la muerte no les cause temor alguno, y la ven llegar sin miedo y como una simpie transformación.

La duración de la vida en los diferentes mundos parece que está en proporción del grado de superioridad fisica y moral de esos mismos mundos, lo cual es completamente racional. Mientras menos material es el cuerpo, menos expuesto está a las vicisitudes que lo desorganizan y mientras más puro es el espíritu, menos son las pasiones que lo debilitan. Este es otro favor de la Providencia, que abrevia asi los sufrimientos.

183. Al pasar de un mundo a otro, ¿pasa el espíritu por una nueva infancia?

«La infancia es en todas partes una transición necesaria; pero en todas partes no es tan estúpida como la vuestra».

184. ¿Elige el espíritu el nuevo mundo en que ha de habitar?

«No siempre; pero puede pedirlo, y obtenerlo, si lo merece; porque sólo conforme al grado de elevación de los espíritus les son asequibles los mundos».

-Si el espíritu no lo pide, ¿qué es lo que determina el mundo donde ha de encarnarse? «Su grado de elevación».

185. El estado físico y moral de los seres vivientes, ¿es perpetuamente el mismo en cada globo?

«No, pues también están sujetos los mundos a la ley del progreso. Todos, como el vuestro, han empezado por encontrarse en estado inferior, y la misma Tierra experimentará semejante transformación, trocándose en paraíso terrestre, cuando los hombres sean buenos».

Así, pues, las razas que en la actualidad pueblan la tierra desapare cerán un día. siendo reemplazadas por seres más y más perfectos, y esas razas transformadas sucederán a la actual, como ésta ha sucedido a otras más groseras aún.

186. ¿Existen mundos en los cuales el espíritu, dejando de habitar en un cuerpo material, no tiene otra envoltura que el periespíritu?

«Sí, y esta misma envoltura se hace tan etérea, que para vosotros es como si no existiese, y tal es el estado de los espíritus puros».

-¿Parece resultar de esto que no hay una demarcación clara entre el estado de las últimas encarnaciones y el del espíritu puro?

«Esa demarcación no existe, y desapareciendo gradualmente la diferencia, se hace insensible, como desaparece la noche a los primeros fulgores del día».

187. La sustancia del periespíritu, ¿es la misma en todos los globos?
«No, es más o menos etérea. Al pasar de un mundo a otro, el esp¡ritu reviste la materia

propia a cada uno de ellos, operación que dura tan poco tiempo como un relámpago».

188. ¿Los espíritus puros habitan en mundos especiales, o están en el espacio universal sin predilección de un globo sobre los otros?

«Los espíritus puros habitan en ciertos mundos, pero no están confinados en ellos como los hombres en la tierra, y más fácilmente que los otros pueden estar en todas partes».*

________

* Según los espíritus, entre todos los globos que componen nuestro sistema planetario, la Tierra es uno de aquellos cuyos habitantes están menos adelantados física y moralmente, Marte es inferior, y Júpiter mucho más superior en todos conceptos. El Sol no es un mundo habitado por seres corporales, sino un punto de reunión de los espíritus superiores, que desde alIi irradian por medio del pensamiento a los otros mundos que dirigen por mediación de espíritus menos elevados, con los cuales comunican merced al fluido universal. Como constitución física, el Sol es un foco de electricidad. Parece que todos los soles se encuentran en posición idéntica.

El, volumen y distancia que separa a los planetas del Sol no tienen ninguna relación necesaria con el grado de adelanto de los mundos, puesto que parece que Venus está más adelantado que la Tierra, y Saturno menos que Júpíter.

Muchos espíritus que han animado a personas conocidas en la Tierra, han dicho que estaban reencarnadas en Júpiter, uno de los mundos más próximos a la perfección, y ha podido causar admiración ver en este mundo tan adelantado a hombres que la opinión en la Tierra no conceptuaba dignos de tanto. Nada debe sorprender esto, si se considera que ciertos espíritus que habitan en este planeta, pudieron ser enviados a la Tierra para desempeñar una misión, que a nuestros ojos no les hacia dignos del primer puesto. En segundo lugar, entre su existencia terrestre y la que viven en Júpiter. pueden haber vivido otras intermediarias, durante las cuales se hayan mejorado; y en tercer lugar, en este mundo, como en el nuestro, hay diferentes grados de desenvolvimiento, entre los cuales puede haber la distancia que separa entre nosotros al salvaje del hombre civilizado. Así, pues, del hecho de habitar en Júpiter, no se sigue que ha de estarse al nivel de los seres más adelantados, del mismo modo que no por vivir en Paris se ha de estar a la altura de uno de los sabios del Instituto.
Las condiciones de longevidad tampoco son las mismas en todas partes que en la Tierra, y la edad no puede compararse. Una persona que había muerto hacia algunos afios, fue evocada, 'y dijo que estaba encarnada hacia ya seis meses, en un mundo cuyo nombre nos es desconocido. Preguntada acerca de la edad que en aquel mundo tenía contestó: «No puedo precisarla; porque no contamos como vosotros; además. el modo de vivir no es el mismo, pues aquí nos desarrollamos mucho más pronto, y sin embargo, aunque sólo hace seis de vuestros meses que me encuentro en este mundo, puedo decir, que, en punto a inteligencia, tengo treinta atios de la edad que contaba en la Tierra».

Muchas respuestas análogas han sido dadas por otros espíritus, y esto no es nada Inverosímil. ¿No vemos en la Tierra que una multitud de animales llegan en pocos meses a su desarrollo normal? ¿Por qué no ha de suceder lo mismo con el hombre en otras esferas? Obsérvese, por otra parte, que el desarrollo a que llega el hombre en la Tierra a la edad de treinta años, no pasa quizá de ser una especie de infancia, comparado con el que está llamado a alcanzar. Se necesita ser muy miope de inteligencia para tomarnos en todo por tipos de la creación, y se rebaja mucho a la Divinidad. creyendo que, fuera de nosotros, nada hay que le sea posible.