EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS

Allan Kardec

Volver al menú
199. ¿Por qué se interrumpe a menudo la vida de la infancia?

«La duración de la vida del niño para el espíritu que en él está encarnado, puede ser complemento de una existencia interrumpida antes del término deseado, y su muerte es con frecuencia una prueba o una expiación para sus padres».

-¿Qué hace el espíritu de un niño que muere en edad temprana?
«Vuelve a empezar una nueva existencia».

Si sólo una existencia tuviese el hombre, y si después de ella quedase decidida para siempre su suerte futura, ¿cuál sería el mérito de la mitad de la especie humana, que muere en edad tierna, para disfrutar, sin haber luchado, de la dicha eterna, y con qué derecho sería eximida de las condiciones, tan duras a veces, impuestas a la otra mitad? Semejante orden de cosas no podría estar conforme con la justicia de Dios, Dada la reencarnación, todos son iguales, a todos pertenece el porvenir sin excepción y sin favoritismo, y los últimos que llegan sólo a si mismos pueden culparse. El hombre debe tener el mérito de sus actos, como tiene la responsabilidad de ellos.

Por otra parte, no es racional considerar la infancia como un estado normal de inocencia. ¿No vemos niños dotados de los peores instintos en edad en que no ha podido la educación ejercer aún su influencia? ¿No los vemos que parecen haber traído, al nacer, la astucia, la falsedad, Ja perfidia y hasta los instintos del robo y del asesinato, no obstante los buenos ejemplos que les rodean? La ley civil absuelve sus crímenes; porque, según dice obran sin discernimiento, y tienen razón, porque, en efecto, obran más por instinto que deliberadamente. Pero, ¿de dónde pueden provenir esos tan diferentes instintos en niños de una misma edad, educados con las mismas condiciones y sometidos a las mismas influencias? ¿De dónde, si no de la inferioridad del espíritu, procede esa perversidad precoz, puesto que ninguna parte toma en ella la educación? Los que son viciosos, lo son porque sus espíritus han progresado menos, y sufren entonces las consecuencias, no de sus actos de niño, sino de los de sus existencias anteriores, y así una misma es la ley para todos y a todos alcanza la justicia de Dios.