EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS

Allan Kardec

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XI

Lo raro es, se añade, que se hablá únicamente de los espíritus de personajes conocidos, y se pregunta por qué sólo ellos se manifiestan. Este es un error que, como otros muchos, proviene de una observación superficial. Entre los espíritus que espontáneamente se manifiestan, mayor es el número de los desconocidos para nosotros que el de los ilustres que se dan a conocer con un nombre cualquiera y a menudo con uno alegórico o característico, Respecto de los que se evocan, a menos que no se trate de un pariente o amigo, es muy natural que nos dirijamos antes a los que conocemos que a los que nos son desconocidos, y llamando mucho más la atención el nombre de los personajes ilustres, son más notados que los otros.


Encuéntrase también raro, que los espíritus de hombres eminentes acudan familiarmente a la evocación y que se ocupen a veces de cosas sin importancia en comparación con las que realizaron durante su vida. Pero nada admirable es esto para los que saben que el poder o consideración de que disfrutaron en la tierra semejantes hombres, no les da supremacía alguna en el mundo espiritista. Los espíritus confirman en este punto las siguientes palabras del Evangelio: Los grandes serán humillados y los pequen os ensal zados, lo cual debe entenderse del lugar que entre ellos ocupará cada uno de nosotros, y así es como el que fue primero en la tierra puede encontrarse que es el último entre ellos, como aquel ante quien bajábamos la cabeza durante su vida, puede venir a nosotros como el más humilde artesano, porque, al morir; dejó toda su grandeza; y como el más poderoso monarca puede hallarse en puesto inferior al del último de sus vasallos.