EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS

Allan Kardec

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789. ¿El progreso unirá un día a todos los pueblos de la tierra en una sola nación?

«En una sola nación no, es imposible; porque de la diversidad de climas nacen costumbres y necesidades diferentes, que constituyen las nacionalidades, y por esto les serán siempre precisas leyes apropiadas y sus costumbres y necesidades. Pero la caridad no reconoce latitudes y no establece distinciones entre los colores de los hombres. Cuando la ley de Dios sea en todas partes la base de la ley humana, los pueblos practicarán entre si la caridad, como los hombres entre ellos, y entonces vivirán felices y en paz; porque nadie procurará perjudicar a su vecino, ni vivir a sus expensas».

La humanidad progresa por medio de los individuos que se mejoran poco a poco y se ilustran, y cuando estos últimos son mayores en número, se hacen superiores y arrastran en pos de si a los otros. De tiempo en tiempo, surgen entre ellos hombres de genio que dan el impulso, y luego vienen otros revestidos de autoridad, instrumentos de Dios, que en algunos atios la hacen progresar en muchos siglos.

El progreso de los pueblos hace resaltar la justicia de la reencarnación. Los hombres de bien se esfuerzan porque una nación adelante moral e intelectualmente; la nación transformada será más dichosa en este mundo y en el otro, convenido; pero durante su marcha lenta a través de los siglos, mueren cada dia millares de individuos, ¿cuál es la suerte de todos los que sucumben por el camino? ¿Su inferioridad relativa les priva de la reservada a los últimos que han llegado? ¿O bien es relativa su felicidad? La justicia divina no podria consagrar tamaña injusticia. Por medio de la pluralidad de existencias, el derecho a la felicidad es uno para todos; porque nadie es desheredado del progreso, pues, pudiendo volver en tiempo de la civilización, ya al mismo pueblo, ya a otro, los que vivieron en tiempos de barbarie, resulta que todos disfrutan de la marcha ascendente.

Pero el sistema de la unidad de existencias ofrece en este punto otra dificultad. Según él, el alma es creada en el instante del nacimiento, y por lo tanto, si un hombre está más adelantado que otro, es porque Dios le crea un alma más adelantada. ¿Por qué este favor? ¿Qué mérito tiene, el que no ha vivido más que otro, menos acaso, para estar dotado de un alma superior? Pero no es esta la principal dificultad. En mil años, una nación pasa de la barbarie a la civilización. Si los hombres viviesen mil años, se concibe que, durante ese intervalo, hubiesen tenido tiempo de progresar; pero cada día mueren a todas las edades, y se renuevan sin cesar. de tal modo, que cada día aparecen y desaparecen hombres. Al cabo de los mil años, no queda vestigio de los antiguos habitantes, y la nación de bárbara que era, se ha trocado en civilizada. ¿Quiénes han progresado? ¿Los individuos bárbaros en otro tiempo? pero éstos murieron ya. ¿Los nuevamente nacidos? pero, si sus almas son creadas en el instante de su nacimiento, no existían en los tiempos de la barbarie. y entonces se hace preciso admitir que los esfuerzos que se hacen para civilizar un pueblo tienen el poder, no de mejorar almas imperfectas, sino de hacer que Dios cree almas más perfectas.

Comparemos esta teoría del progreso con la dada por los espíritus. Las almas llegadas en tiempos de civilización han tenido su infancia como todas las otras; pero han vivido ya, y han llegado adelantadas a consecuencia de un progreso anterior. Vienen a traídas por un medio que les es simpático, y que está en relación con su estado actual, de modo, que los cuidados empleados en la civilización de un pueblo no producen el efecto de hacer crear para el porvenir almas más perfectas. sino el de atraer a las que ya han progresado, ora hayan vivido en el mismo pueblo en sus tiempos de barbarie, ora vengan de otra parte. Esta es también la clave del progreso de toda la humanidad. Cuando todos los pueblos estén al mismo nivel respecto del sentimiento del bien, la tierra será el asilo de espíritus buenos únicamente, que vivirán entre si en unión fraternal, y encontrándose repelidos los malos y fuera de su esfera, irán a buscar en mundos inferiores el centro que les conviene, hasta que sean dignps de volver al nuestro transformado ya. También es consecuencia de la teoría vulgar, que los trabajos de mejoramiento social sólo son provechosos a las generaciones presentes y futuras, siendo nulo su resultado para las pasadas, que cometieron el error de venir demasiado pronto y que son lo que pueden ser, cargadas como están de sus actos de barbarie. Según la doctrina de los espíritus, los progresos ulteriores son igualmente provechosos a estas últimas generaciones, que reviven en condiciones mejores, y pueden así perfeccionarse en el seno de la civilización. (222)