EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS

Allan Kardec

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EL BIEN Y EL MAL

629. ¿Qué definición puede darse de la moral?

«La moral es la regla para portarse bien, es decir, la distinción entre el bien y el mal. Está fundada en la observación de la ley de Dios. El hombre se porta bien cuando todo lo hace con la mira y para bien de todos; porque entonces observa la ley de Dios».

630. ¿Cómo puede distinguirse el bien del mal?

«El bien es todo lo que está conforme con la ley de Dios, y el mal todo lo que de ella se separa. Así, pues, hacer el bien es conformarse con la ley de Dios; hacer el mal es infringirla».

631. ¿El hombre tiene por si mismo medios de distinguir lo que es bueno de lo que es malo?

«Sí, cuando cree en Dios y quiere saberlo. Dios le ha dado la inteligencia para discernir lo uno de lo otro».

632. El hombre sujeto al error como está, ¿no puede equi vocarse en la apreciación del bien y del mal, y creer que obra bien cuando en realidad obra mal?

«Jesús os lo dijo: mirad lo que quisierais que se os hiciese o no se os hiciese; todo se reduce a esto. No os engañaréis nunca».

633. La regla del bien y del mal que podría llamarse de reciprocidad o de solidaridad, no puede aplicarse a la conducta del hombre para consigo mismo. ¿Le sirve la ley natural de regla para esa conducta y de guía seguro?

«Cuando coméis mucho os indigestáis. Pues bien, Dios es quien os da la medida de lo que os es necesario, y cuando la traspasáis, sois castigados. En todo sucede lo mismo. La ley natural traza al hombre el limite de sus necesidades, y cuando lo salva, es castigado con el sufrimiento. Si el hombre escuchase en todo, esa voz que le dice basta, se excusana la mayor parte de los males que achacan a la naturaleza».

634. ¿Por qué está el mal en la naturaleza de las cosas? Hablo del moral. ¿No podría Dios haber creado a la humanidad en mejores condiciones?

«Ya te lo hemos dicho: Los espíritus fueron creados sencillos e ignorantes. (115) Dios deja al hombre la elección del camino, y tanto peor para él, si toma el malo, pues será más larga su peregrinación. Si no existiesen montes,. el hombre no podría comprender que se puede subir y bajar, y si no existiesen rocas, no comprendería que hay cuerpos duros. Es preciso que el espíritu adquiera experiencia, y para.ello ha de conocer el bien y el mal. De aquí que haya unión entre el espíritu y el cuerpo». (119)

635. Las diferentes posiciones sociales crean nuevas necesidades que no son las mismas para todos los hombres. ¿Parece, pues, que la ley natural no es una regla uniforme?

«Las diferentes posiciones son naturales y están conformes con la ley del progreso, lo que no quebranta la unidad de la ley natural que se aplica a todos.

Las condiciones de la existencia del hombre cambian según los tiempos y los lugares, y resultan de ello necesidades diferentes y posiciones sociales apropiadas a estas necesidades. Puesto que semejante diversidad está en el orden de las cosas, es conforme a la ley de Dios, que no deja de ser una en su principio. A la razón toca distinguir las necesidades reales de las ficticias o de convención.

636. ¿El bien y el mal son absolutos para todos los hombres?

«La ley de Dios es igual para todos; pero el mal depende especialmente de la volúntad de hacerlo. El bi'en siempre es bien y el mal es siempre mal, cualquiera que sea la posicióri del hombre. La diferencia está en el grado de responsabilidad».

637. ¿El salvaje que, cediendo a su instinto, se alimenta de carne humana, es culpable?

«He dicho que el mal depende de la voluntad. Pues bien, el hombre es más culpable, cuanto mejor sabe lo que hace».

Las circunstancias dan al bien y al mal una gravedad relativa. El hombre comete a veces faltas, que no por ser consecuencia de la posición en que le ha colocado la sociedad, son menos reprensibles; pero la responsabilidad está en proporción de los medios que tiene de comprender el bien y el mal. Así es que el hombre ilustrado que comete una simple injusticia es más culpable ante Dios que el salvaje ignorante que se entrega a sus instintos.

638. El mal parece a veces ser una consecuencia de la fuerza de las cosas, y tal sucede, por ejemplo, en ciertos casos, cuando es necesaria la destrucción hasta de nuestro prójimo. ¿Puede decirse entonces que hay infracción de la ley de Dios?

«Aunque necesario, no deja de ser un mal; pero semejante necesidad desaparece a medida que el alma se purifica pasando de una existencia a otra, y entonces el hombre es más culpable, cuando falta, porque comprende mejor».

639. El mal que hacemos, ¿no es a menudo resultado de la poskión que nos han creado los otros hombres, y quienes son en este caso los más culpables?

«El mal recae en quien lo causa. Así el hombre que es llevado al mal por la posición que le han creado sus semejantes, es menos culpable que los que lo han causado; porque cada uno sufrirá la pena no sólo del mal que haya hecho, sino que también del que haya provocado».

640. El que no hace el mal, pero que se aprovecha del que otro ha hecho, ¿es culpable en el mismo grado?

«Es como si lo cometiera, porque el que se aprovecha participa de él. Quizá hubiese retrocedido ante la ejecución; pero, si encontrándola realizada, la aprovecha, es porque la aprueba y porque hubiese hecho otro tanto, si hubiese podido, o si se hubiese atrevido».

641. ¿El deseo del mal es tan reprensible como el mal mismo?

«Según y cómo: hay virtud en resistir voluntariamente al mal cuyo deseo siente, sobre todo cuando se tiene posibilidad de realizarlo. Pero si sólo se deja de hacer por falta de ocasión, se es culpable».

642. ¿Basta no hacer mal para ser grato a Dios y asegurar su posición futura?
«No; es preciso hacer el bien según la posibilidad; porque cada uno responderá de todo el mal que haya sido hecho a consecuencia del bien que no haya hecho».


643. ¿Hay personas que por su posición no tengan posibilidad de hacer el bien
«No hay nadie que no pueda hacer el bien, sólo el egoísta carece siempre de ocasión. Basta estar en relación con otros hombres para tener ocasión de hacer el bien, y cada día de la vida ofrece la posibilidad todo el que no esté cegado por el egoísmo; porque hacer el bien no consiste únicamente en ser caritativo, sino en ser útil con arreglo a la posibilidad, siempre que vuestro socorro pueda ser necesario».

644. El centro en que se encuentran ciertos hombres, ¿no es para ellos el primitivo origen de muchos vicios y crímenes?

«Sí; pero también esta es una prueba escogida por el espíritu en estado de libertad, quien ha querido exponerse a la tentación para adquirir mérito resistiéndole».

645. Cuando el hombre está en cierto modo sumergido en la atmósfera delvicio, ¿no viene a ser el mal para él una atracción casi irresistible?

«Atracción, sí; irresistible, no; porque en medio de esa atmósfera de vicio encuentras a veces grandes virtudes. Estos son espíritus que han tenido fuerzas para resistir, y que al mismo tiempo han tenido la misión de ejercer una buena influencia en sus semejantes».

646. El mérito del bien que se hace, ¿está subordinado a ciertas condiciones, o de otro modo, hay diferentes grados en el mérito del bien?

«El mérito del bien está en la dificultad, y no lo hay en hacerlo sin trabajo y cuando nada tuesta. Dios atiende más al pobre que parte su único pedazo de pan, que no al rico, que sólo da lo superfluo. Jesús lo dijo con motivo del donativo de la viuda».