EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS

Allan Kardec

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673. ¿No seria un medio de hacer esas ofrendas más agradables a Dios consagrándolas al alivio de los que carecen de lo necesario, y en este caso, el sacrificio de animales, hecho con un fin útil, no seria más meritorio, al paso que era abusivo cuando para nada servia, o sólo era prove choso a personas a quienes nada hacia faltá? ¿No habría algo de piadoso verdaderamente en consagrar a los pobres las primicias de los bienes que Dios nos concede en la tierra?

«Dios bendice siempre a los que hacen bien, y el mejor medio de honrarle es el de aliviar a los pobres y afligidos. No quiero decir con esto que Dios desapruebe las ceremonias que hacéis para suplicarle: pero mucho dinero hay que podría emplearse con más utilidad de la que se emplea. Dios aprecia la sencillez en todo. El hombre que se apega a las exterioridades y no al espíritu es una inteligencia de mezquinas aspiraciones. Juzgad, pues, si Dios ha de fijarse más en la forma que en el fondo».