EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS

Allan Kardec

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1019. ¿Podrá establecerse algún día en la tierra el reino del bien?

«El bien reinará en la tierra, cuando entre los espíritus que vengan a habitarla, los buenos se sobrepondrán a los malos, y entonces harán reinar en ella el amor y la justicia que son el origen del bien y de la felicidad. Por el progreso moral y por la práctica de las leyes de Dios atraerá el hombre a la tierra los espíritus buenos, y alejará a los malos; pero éstos no la abandonarán; hasta que el hombre no destierre el orgullo y el egoísmo. »La transformación de la humanidad ha sido predicha, y vosotros tocáis el momento de aquélla, que apresuran todos los hombres que favorecen el progreso. La transformación se verificará por medio de la encarnación de los espíritus mejores que constituirán en la tierra una nueva generación. Entonces los espíritus de los malos, a quienes la muerte hiere diariamente, y todos los que intentan detener la marcha de las cosas, serán excluidos de la tierra, porque estarían fuera de su centro entre hombres de bien cuya felicidad perturbarían. Irán a mundos nuevos menos adelantados, a cumplir misiones penosas donde podrán trabajar para su propio mejoramiento, al mismo tiempo que para el de sus hermanos más atrasados aún. ¿No veis en esa exclusión de la tierra transformada, la sublime figura del paraíso perdido, y en el hombre venido a la tierra en semejantes condiciones y llevando consigo mismo el germen de sus pasiones y los vestigios de su inferioridad primitiva, la no menos sublime figura del pecado original? El pecado original, desde el punto de vista considerado, arranca de la naturaleza aún imperfecta del hombre, que así sólo es responsable de sí mismo y de sus propias faltas, y no de las de sus padres.


»Vosotros todos, hombres de fe y buena voluntad, trabajad, pues, con celo y ánimo en la gran obra de la regeneración, porque recogeréis centuplicado el grano que hayáis sembrado. Infelices de los que cierran los ojos a la luz, pues se preparan largos siglos de tinieblas y desengaños; infelices de los que cifran todos sus goces en los bienes de ese mundo, pues sufrirán más privaciones que goces hayan tenido; infelices sobre todo los egoístas, pues no encontrarán quien les ayude a llevar la carga de sus miserias. SAN LUIS».